Ahora sucede con “Cuéntame”, pero también ocurrió con “Farmacia de Guardia”. El consumidor de televisión en nuestro país es muy dado a seguir un producto de ficción, a engancharse. Algo a lo que ayuda si se encuentra con personajes que puede hacer propios, que puede identificar en su día a día. Así, las series españolas de mayor tirón suelen mostrar la vida cotidiana del españolito de a píe. O suelen inmiscuirse en épocas pasadas, pero siempre centrarse en detalles propios de la sociedad de nuestro país. “Los Serrano”, “Verano Azul”, “Médico de familia”, “Curro Jiménez”… la lista es larga y los fans se cuentan por miles. También suele suceder que las series españolas maduran con su consumidor: el espectador ve de primera mano como evolucionan los personajes. Por eso, el último capítulo siempre suele ser un acontecimiento.
El recurso del humor
Aunque el tono costumbrista suele ser el de mayores réditos, tampoco nos podemos olvidar de las series españolas de humor. Muchos son los telespectadores que agradecen después de un arduo día de trabajo echarse unas risas en el sofá con las peripecias de los personajes más desternillantes. O con familias donde el humor es una constante. Así, nos acordamos de “Aquí no hay quien viva”, “Siete vidas” y su spin-off “Aída” o “Manos a la obra”, producciones donde la carcajada era un recurso claro. Hablamos de series españolas maduras, que disfrutaron de varias temporadas en pantalla e hicieron relativamente famosos a sus protagonistas.
Un vistazo al sector profesional
El tercer eje del mapa de las series españolas lo aglutinarían los productos de ficción centrados en diferentes profesiones. Aquí, el universo policial es claro dominador: los crímenes siempre son un buen recurso en una trama y las relaciones entre policías -los vigilantes que nos protegen a todos- también enganchan al consumidor. “Brigada Central”, “El Comisario”, la hilarante “Los hombres de Paco” son algunas de las series españolas que integran este grupo. “Hospital Central”, “Periodistas” o “Médico de familia” fijan su mirada en otros sectores. La originalidad en los títulos sí destaca por su ausencia.
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Las series españolas aglutinan un mercado más o menos unitario que goza de relativa buena salud de forma interna y que poco a poco está comenzando a asomarse hacia otros mercados. Productos como “Águila Roja”, con un acabado impecable y buenos actores, deben convertirse en el ejemplo que marque un camino que seguramente estará plagado de baches en el futuro. El telespectador actual tiene a su alcance un gran abanico de posibilidades y cada vez son más los que apuestan por visionar los programas que más le gusten de forma selectiva, huyendo del prime-time de las cadenas y aprovechando todas las posibilidades que la Televisión Digital Terrestre (TDT) e Internet ofrecen. Las series españolas deben mirar hacia el futuro bajo dos constantes: calidad y posible exportación. Lo que no es nada fácil.
Las webseries
En un contexto de crisis económica tan marcado como el actual, en muchos sectores se aseguran mucho el tiro a la hora de invertir el dinero. Esto ocurre muy a menudo en el sector audiovisual: los estudios y cadenas priman el futuro rédito económico antes que la presunta calidad del producto. Pero, la red de redes se ha convertido en un trampolín que las industrias más asentadas no esperaban. La última moda es la filmación de las llamadas webseries: productos de ficción pensados para su emisión por Internet, con costes bajos y pensadas para un publico más Geek. La adaptación de que “Que vida más triste” -emitida por la Sexta- es quizá el producto más conocido.
Sexo, acción, originalidad
El público del siglo XXI ha cambiado. Y las series españolas deben hacerlo. Deben abandonar el actual concepto de producto familiar para centrarse en un público específico, más adulto. Los niños ya tienen multitud de canales de dibujos que visionar. Los estudios nacionales deben buscar un producto que rompa, que no tenga problemas en afrontar asuntos como el sexo y que esté plagado de giros originales en la trama. Cuando llegue, seguro que la primera de estas nuevas series españolas se podrá exportar sin problemas. Tiempo al tiempo.
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Muchos son los actores que se dan a conocer gracias a papeles en series de televisión, pero su carrera se suele acabar estancando. Los intérpretes de Farmacia de Guardia, serie de gran éxito en España, son un claro ejemplo de ello.
La obra de Mercero
Farmacia de Guardia es una serie de televisión que emitió Antena 3, canal de televisión de España, desde 1991 hasta 1995. El creador es Antonio Mercero y la trama principal gira en torno a la vida de la farmacéutica protagonista (Concha Cuetos), su familia y los habitantes del barrio que frecuentaban la botica. Actualmente sigue siendo la serie más vista del país, con un 48% de share de media. No en vano, el último capítulo emitido el 28 de diciembre de 1995 fue visto por una media de 11. 527.000 españoles.
La familia de Farmacia de Guardia
El personaje de Lourdes Cano está interpretado por Concha Cuetos, la madre de la familia y farmacéutica. El exmarido, Adolfo Seguro, lo interpreta Carlos Larrañaga, y en él da vida a un hombre que se pierde detrás de unas faldas. Los hijos de ambos son Kike (Miguel Ángel Garzón) y Guille (Julián González), siendo el primero el mayor de los dos. En el transcurso de la serie, Lourdes adopta a una niña que se llama Fani (Alicia Rozas), cuya madre está en prisión por estafa.
Los olvidados de Farmacia de Guardia
La serie no cuanta sólo con la familia, también existen numerosos ciudadanos que habitualmente entran en el local, bien sea para la ronda, en el caso de el Sargento Romerales (Cesáreo Estébanez) y su compañera María (María Garralón), como para comprar unos medicamentos, Doña Rosa ( María Luisa Ponte) y Ricardo (Luis Ciges). Muchos de los actores que participaban en la serie lo veían como una oportunidad para forjarse una carrera en el mundo de la interpretación, como es el caso de Miguel Ángel Garzón y Julián González pero su papel más exitoso de su carrera profesional es el de la serie. Al contrario, hay otros actores que ya estaban consolidados, entre ellos destaca el célebre Luis Ciges.
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